Y al mirar las constelaciones de nuevo, estos ojos ya no tenían la facultad de ver, permanecieron abiertos y bien plasmados ante la sutil idea de mi alma.
No inventamos nada, todo es copiado.
Le dije a mi amigo que escuchaba la música de todo el universo.
Verlo contagiado de felicidad queriendo imitar su verdadera voz que llegaba lejos hacia los pocos que lo esperaban.
Quiero ver y escuchar,
sin estos sentidos contagiados por la inmundicia, soy dueño de lo que hago y aveces digo que no inventamos nada.
Mi amigo se ríe y desaparece su voz viajando a través de las constelaciones, no puedo escucharlo, solo tengo la facultad de poder verlo una y otra vez.
Y él me escucha cada vez que canto formando parte de este universo.

Comentarios
Publicar un comentario
Deja tu comentario: